¿Qué es la dislexia?

Hace no mucho he escuchado a Mario Vaquerizo decir “es que yo soy un poco disléxico” cuando no le sale correctamente articulada una palabra o cuando le preguntan por la izquierda y la derecha.
No es al primero que oigo decir algo así. Así que, para aclarar términos está esta entrada.
 
En primer lugar y para que quede fuera de toda duda:
La dislexia no es lo de la derecha y la izquierda aunque algunos niños y adultos con dislexia pueden tener dificultades de lateralidad.
La dislexia no es una dificultad en lenguaje oral aunque algunos niños con alteraciones del lenguaje oral pueden añadir dificultades en lectoescritura con el paso de los años.
 
Entonces, ¿qué es la dislexia?
La dislexia es una de las dificultades de aprendizaje (de hecho, la más frecuente) junto con la discalculia (dificultades en cálculo), la disgrafia (dificultades en escritura), las dificultades en razonamiento matemático y en expresión escrita.
 
Para que exista un diagnóstico de dislexia se tienen en cuenta los siguientes criterios diagnósticos:
- Entorno de aprendizaje favorable: es decir, que el niño siga una escolarización normal.
- Cociente intelectual normal (valorado con test como por ejemplo el WISC).
- Al menos dos años de retraso en actividades de lectura (valorado con test como el TALE o el PROLEC).
 
Por tanto, la dislexia sería únicamente una dificultad específica en lectura si bien es cierto que suele darse asociada con disgrafia.
 
La dislexia, de manera simplificada, puede ser de dos tipos:
- Dislexia fonológica: aquella en la que predominan errores como rotaciones (por ejemplo sustituir la b por d), inversiones (leer la en lugar de al), adiciones (leer letras que no están) u omisiones (omitir letras de una palabra).
- Dislexia de superficie: aquella en la que predominan errores de rectificación, repetición, silabeo, etc.
 
Hasta aquí la teoría.
¿Cuál es la realidad?
La realidad es, por un lado, que no existen dos niños con dislexia iguales. Algunos presentarán también dificultades de escritura, otros tendrán problemas para comprender lo que leen, y casi todos presentarán una baja motivación o incluso rechazo ante tareas de lectoescritura.
 
¿Dónde radica el problema principal?
El problema principal, bajo nuestro punto de vista, es que el sistema educativo gira en torno a la lectoescritura y los niños con dislexia, a menudo, quedan expuestos a la sensibilidad y al ojo clínico de maestros, orientadores, etc.
De hecho, en los primeros cursos, el niño con dislexia puede pasar desapercibido y comenzar a manifestarse los problemas cuando las exigencias curriculares aumentan.
De ahí la importancia de la formación y la toma de conciencia entre los docentes para que puedan detectar los posibles casos en edades tempranas y derivar a los profesionales pertinentes.
 
¿Qué podemos hacer?
Ante la más mínima sospecha de dificultades en lectoescritura hablar con el tutor y solicitar una valoración al equipo de orientación del colegio o a un logopeda colegiado.
Tras la valoración, si se constatan estas dificultades, se comienza a trabajar.
Como ya hemos comentado cada niño con dislexia es diferente. ¿Por qué? Porque un niño con dislexia es mucho más que un niño con dislexia.
Nuestro método de trabajo ha de partir de las motivaciones e intereses del niño ya que los problemas de motivación y de rechazo son muy frecuentes.
Y desde ahí, comenzar por un lado a mejorar el rendimiento en tareas de lectoescritura y, por otro, a potenciar otras tareas que se les dan bien. Además, debemos ofrecerles apoyos y recursos para poder compensar las dificultades.
Porque, como ya hemos dicho, un niño con dislexia es mucho más que un niño con dislexia.
Elena Mesonero                             Julián Viruete
Col.nº: 09/012                      Col.nº: 09/001      
    
La Clínica del Lenguaje.
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